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Para qué quiero conocer personas

  • Mariana Ramírez

Conocer a más personas siempre es parte de nuestro proceso de adaptación, descubrimiento y autoconocimiento. Si bien, entre muchas reflexiones hemos establecido que es una necesidad siempre que tengamos claro que somos seres sociales, también existe una voluntad y una proactividad en ciertos momentos de nuestra vida, dependiendo de la situación en la que nos encontremos y comenzamos a forjar vínculos a partir de eso.

Hay muchas cosas involucradas dentro de la creación de vínculos y relaciones con personas en el mundo. Elaborar un manual de identificar personas dañinas sería complejo por la subjetividad que eso requiere: cada uno necesitamos y rechazamos cosas distintas, tenemos miedos diferentes y nuestras intenciones varían dependiendo del contexto.

La parte interesante es que solemos pensar esta situación de los otros hacia nosotros pero ¿En algún punto te has puesto a pensar las veces o situaciones en las que tú no has sido una persona sana? ¿Para qué quieres conocer nuevas personas? ¿Desde dónde nace esa disposición para relacionarnos?

¿Podemos hablar de una manera sana de conocer gente?

Si pensamos que cada uno de nosotros sólo podemos acercarnos y entablar relaciones con los otros, en función de cómo nos percibamos y qué tanto nos conozcamos y seamos honestos con nosotros, entonces podemos llegar a reflexionar que la emoción o motivo que nos impulsa puede definir la manera en la que se configuran nuestras relaciones, es decir: Una persona sana tiene una mayor capacidad de hacer vínculos sanos. Una persona que quiere y trabaja por sanarse, se va rodeando de personas que pongan a prueba sus capacidades y emociones para seguir creciendo. Una persona que no está sana y puede verlo y aceptarlo, tiene una mejor disposición a modificar sus vínculos. Cuando no somos personas sanas y no tenemos la capacidad de aceptarlo, nos estancamos en ciclos de maltrato de las que difícilmente saldremos sin el apoyo adecuado.

Mientras más conciencia tenemos de quienes somos y cuáles son nuestras motivaciones para estar con otros, es más fácil reconocer lo que queremos o no y lo que permitimos o no.

De la misma forma, las emociones que son nuestro vehículo puede determinar la manera en la que tratamos a los otros y quienes somos en sus vidas, por tanto lo que significamos. Muchas veces cuando partimos en relaciones nuevas nos escudamos en el anonimato que da el no conocer a los otros y si nos dejamos llevar por el impulso que no es precisamente benéfico o sano, esas compañías lejos de sanarnos, ayudarnos o matizar lo que está pasando en nuestra vida, se vuelven un punto de fuga de energía en ambos sentidos.

¿Cuál es la emoción que me está llevando a querer salir con otros?

Crear relaciones desde la ira, enojo, vacío o celos puede crearnos un círculo de dependencia que nos absorba por completo: el vincularnos con alguien por la razón equivocada a corto plazo puede hacernos sentir temprano, pero a largo plazo nos vacía y drena energía.

El acercarse al otro sin expectativa nos permite explorarlo ampliamente y nos libera de las decepciones.

El cuestionarnos desde donde y para qué nos vinculamos con los otros nos permite conocernos y al mismo tiempo, entender que los otros son personas que también tienen necesidades, deseos, sueños, necesidades y miedos. Que sólo podemos tratar y ver a los otros en medida en la que lo hacemos con nosotros mismos. Tratarnos bien y respetarnos para tratar bien y respetar a los otros. Así ellos también aprenderán a cómo desarrollarse con nosotros en un entorno seguro. Incluso los conflictos que llegaran a suceder se desarrollan y solucionan o manifiestan de formas diferentes: no tan lastimeras, no desde el ego.

Tenemos todavía que aprender a acercarnos al otro porque hay algo que nos interesa y puede ser productivo, y no sólo como un objeto donde vaciar lo que estoy sintiendo/pensando/pasando. Recordar que las relaciones del tipo que sean y con la duración que tengan son un lugar donde las personas invertimos energía, emociones, sensaciones y tiempo.

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