Poliartículos

La política del pene

  • Mariana Ramírez

Se le llama «la política del pene» al acuerdo pre-establecido o replanteado donde en una polícula (ya sea en V, W, trieja o cualquier otra configuración) los vínculos principales sólo pueden tener compañeras mujeres. Es decir: Políticamente sólo hay un pene involucrado en las relaciones.

Hay varios factores que pueden influir en esta decisión, los que logramos identificar por ahora, son los siguientes:

  • Control sobre la relación
    Cuando recién estamos abriendo la relación de pareja previa, pareciera que adentrarnos en el amor libre, la no monogamia o el poliamor todo lo que conocíamos se desmorona leeeentamente. Así entonces hacemos acuerdos que se ciñen a nuestros intereses y capacidades. El problema es que muchas personas (particularmente hablando de la política del pene) se sienten mucho menos preparadas y seguras para enfrentar la situación y sacan ventaja de ella. La política del pene para el control de la relación la establecen hombres que aún no pueden afrontar que a su pareja puedan gustarle otros hombres, pero sacar ventaja de cualquier mujer involucrada e intentar mantener la atención de su pareja a toda costa. Como si este acuerdo mermara la atracción del otro.
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  • Pesca
    Muchas veces en el afán de abrir una relación sin perder los privilegios, los varones de las parejas establecen que sólo puedan salir con mujeres para integrarlas a la pareja, por esta búsqueda insaciable del unicornio. Entonces se delega a la-s mujer-es la tarea de buscar a otra mujer que se incorpore para darle a ellas la falsa sensación de que eligen con quién estará su pareja y al mismo tiempo las usan de… carnada. Así él garantiza preocuparse únicamente por disfrutar y jamás por que ella se fije en otro hombre, porque les está buscando a «la ideal»
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  • Hipersexualización de la lesbianidad
    No es sorpresa para nadie, la sexualidad lésbica ha sido transformado culturalmente de una preferencia sexual a un producto de consumo de hombres heterosexuales. Los hombres sólo permiten que sus parejas estén con otras mujeres porque les sirve de refuerzo sexual: Están allí a su disposición. Y ni siquiera tiene que ser directa o física, el saber que existe alimenta su libido y puede usar la idea a placer. Ni hablar del plantearse la imagen con un hombre, porque el homoerotismo para el varón cis, no está permitido ni de chiste.
    ¿ Alguien mandó a hacer un Harén?
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  • Masculinidad
    De las cosas básicas que nos enseñan de la masculinidad, es que los hombres «satisfacen» o «llenan» a las mujeres. Si en sentido sexual, las mujeres buscan a otro compañero, esta premisa de dos hombres y una mujer entra en conflicto directamente con la virilidad o el supuesto de la virilidad y potencia de los hombres. Además del reclamo de la suficiencia sentimental: Es tan difícil pensar que una mujer pueda ser querida y complacida por dos hombres porque a ella se le ve como una puta y a él, como un «poco hombre». Con una mujer ese miedo no se tiene, por la propiedad sexual: como en las relaciones sexuales lésbicas no se necesita un «algo» que penetre, en el imaginario del macho promedio, eso no es una relación sexual y por lo tanto «no corre peligro»
    Además de la tácita competencia que tienen entre hombres por «poseer» un cuerpo y por el poder en una relación: compartir el afecto de una mujer con otros hombres resulta en una especie de sumisión emocional para ellos. Sin embargo, como la mujer es algo que se conquista, y el hombre es «el dominante», una mujer «no resulta competencia» porque jamás estamos a la misma ‘altura’
    Y el clásico: «Mientras más mujeres tengas, eres más chingón»
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¿Quién diría que un falo nos daría tantos parámetros de acción cultural?

¿Qué podemos hacer al respecto en nuestra-s relación-es?

Primero que nada, replantearnos porqué necesitamos excluir hombres de nuestros afectos y si eso solucionará un problema como el que se refleja en cualquiera de los puntos anteriores. Además preguntarnos si el poner esa regla hará que mágicamente las mujeres implicadas mermen su atracción hacia otros hombres.

Nadie está realmente listo para estar en una relación poliamorosa de entrada, pero vale la pena preguntarnos porqué establecemos las normas, reglas, prohibiciones, restricciones o acuerdos que vamos teniendo de inicio. ¿De qué nos protegen? ¿Para qué los usamos? ¿Queremos controlar al otro o sólo los usamos para enfrentar una cosa a la vez?

Tener en cuenta que excluir personas, admitir prohibiciones o restricciones merma la capacidad de aceptación de la libertad de creación de múltiples vínculos en una relación poliamorosa. La pregunta final sería ¿Es válido ingresar a nuestro sistema de aprendizaje algo que va en contra del principio ético de lo que intento aprender? ¿Con nuestras acciones no estamos perpetuando el modelo monógamo?
Igual y con este tipo de acuerdos, sí estamos blanqueando los cuernos, más que relacionándonos de una manera ética, cuidadosa y amorosa en los otros.

¿Nos falta algún punto? ¿Hay algo que no hayamos logrado ver y que tengas en el bolsillo?

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