Poliartículos

Eso que acabo de pisar… ¿Era un acuerdo?

  • Mariana Ramírez

De alguna forma los acuerdos pueden llegar a quedarnos pequeños o en todo caso cuando no estamos acostumbrados en absoluto a hacer ciertas cosas todo se vuelve complejo. Sea cual sea la razón, en algún momento rompemos un acuerdo y pareciera que vemos en cámara lenta cómo todo se va derrumbando a nuestro alrededor por un error que pareciera «pequeño»

¿Y entonces qué hacemos? ¿podemos remediarlo? ¿Lo modificamos? ¿Replanteamos nuestras condiciones y situaciones? ¿Nos sentimos culpables y prometemos que nunca jamás volveremos a fallar?

  • Acéptalo

Sí, el acuerdo se rompió. Tuviste una acción que violó aquello que habían preestablecido por bien de todos. Es difícil, sientes nervios y no sabes qué hacer al respecto. Dudas en si decirlo o no, el cómo comunicarlo, la pelea que seguro vendrá después, el conflicto respecto a que pasó «otra vez» o simplemente esta situación en particular está en una zona gris que no sabes si entra o no dentro del acuerdo y por tanto la ruptura. Puede incluso que en alguna ocasión experimentes culpa o confusión.

Acepta que pasó y detén la vorágine de sentimientos y emociones con ejercicios de arraigo, que te permitan ver más claramente lo que está pasando y puedas diferenciarlo de aquello que estás sintiendo y tus proyecciones y miedos.

¿Qué fue lo que faltó?

Muchas veces esa falta ‘administrativa’ en al relación nos lleva a pensar que es un fallo y todo se irá por la borda pero ¿tiene que ser así?
Ya que tienes clara la acción que supuso la ruptura o violación del acuerdo, nos resta preguntarnos ¿por qué lo hicimos? ¿Fue indolente? ¿Lo planeamos? ¿Fue contextual o situacional?

En varias ocasiones los conflictos de acuerdos son dos.
1) Creemos que el acuerdo es unilateral: Como si cada persona decidiera el acuerdo a su conveniencia. «No me gusta que salgas, entonces puedes salir sólo conmigo y de nada más ir tú, entonces los martes»
2) Accedemos al acuerdo para que «nos dejen en paz» o «se sientan cómodos» y esta es una de las partes peligrosas.

Los acuerdos con los que no nos sentimos tranquilos, identificados o que no nos toman en cuenta es mucho más fácil rompernos porque no existe la sensación de claridad, compañerismo ni recompensa. Entonces no los involucramos en nuestros hábitos porque no hay un verdadero interés.

Piensa en opciones

Bien, ahora ya sabemos y entendimos qué pasó y por qué pasó. Así haya sido la primera vez o la 104986789 con el mismo acuerdo. ¿Qué necesitas tú modificar en el acuerdo para sentirlo más cercano a ti? ¿Cuál parte del acuerdo es tu responsabilidad? ¿Qué necesitas o con qué estás inconforme y cómo se puede resolver? ¿Qué otras opciones tienes?

Hablar, hablar, hablar

¿Qué sigue? ¿Ya se lo dijiste a tu vínculo? ¿Primero buscarás una solución? ¿Le dirás y buscarán ambos otra opción dentro del acuerdo? ¿Moldearán el previo acuerdo? ¿Propondrás un acuerdo nuevo?
El proceso de confrontación y compartimiento de la ruptura del acuerdo no siempre es sencillo, sin embargo procura tener tu mente clara para poder avanzar en la conversación y no estancarte en la sensación de falla o impotencia. Recuerda también que es necesario estar consciente de que las cosas no saldrán a la primera y no tienen que quedar «listas» en la primera charla. Todo sobre los acuerdos y los límites son conversaciones progresivas que crecen y cambian al ritmo que lo hacemos nosotros y por lo tanto también la relación

Pero sobre todo ¡No te desesperes! Los procesos de cambio son complejos y al mismo tiempo son parte de conocer a las personas con las que nos vinculamos: aceptar nuestras fallas y nuestros aciertos, así como abrazar las posibilidades de cambio nos ayudan a reconocernos, reconocer nuestros límites y los del otro. Pero sobre todo, nos ayudan a vincularnos y a tener un panorama claro de quienes somos en este momento y de qué queremos y necesitamos para nosotros.

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